-
Vivir esperando
Querer. Echar de menos. Preocuparte por alguien. Pensar en esa persona, mañana, tarde y noche. Hacer de tu día a día, de tu vida, una eterna espera, una perpetua preocupación, una incesante duda.
No existe el equilibrio, no cuando hablamos de las relaciones personales, y menos cuando hablamos del amor. Siempre, en todo tipo de relación hay una persona que se encuentra más comprometida que la otra, una persona que echa más de menos, una persona que escribe más mensajes de texto, que llama más, que escribe más emails a altas horas de la madrugada expectante por una contestación a la mañana siguiente.
Una persona que vive esperando.
Una persona que vive en una relación siendo consciente de que es gracias a ella que esa relación existe. Que sin sus desvelos, sin sus llamadas, sin sus sacrificios en secreto, la relación sería insostenible porque no habría nadie lo suficientemente fuerte como para sostenerla. Una persona que vive sabiendo que no es lo suficientemente importante o especial como para merecer el trato que brinda a la otra parte a la que se ha supeditado.
Un esclavo de sus sentimientos en una relación que le encadena a ser menos para erigir al otro a un pedestal que él nunca va a poder pisar. Un héroe sacrificado que está condenado a sentirse villano, a sentirse un loco al intentar controlar sus pensamientos e impulsos para poder de manera definitva vivir su vida y no la de la otra persona.
Una persona sin personalidad. Sin autoestima.
Alguien que constantemente se pregunta cuándo va ser su momento.
Cuándo por fin alguien va a devolverle los años que ha perdido, amando.