-
Y tú, ¿sabes quién eres?
Hay ocasiones en las que necesitas salir de ti mismo para poder ver la realidad de tu alrededor sin alterarla, para ser capaz de centrarte en aquellos detalles que, con la velocidad de nuestra existencia, cada vez más desenfrenada, pasamos desapercibidos.
A veces necesitas sentarte unos instantes y rememorar los acontecimientos de los que has sido protagonista en las últimas horas, días, semanas o meses; hacer inventario de lo que has aprendido, de lo que has perdido, de aquello que quieres recuperar y lo que quieres dejar en el olvido.
En ocasiones impera la obligación de sincerarte contigo mismo, sólo tú y tu conciencia enfrascados en una conversación que verse sobre el bien y el mal, la moral, la ética y los principios que dices seguir pero que en la soledad de tu mundo sabes que no sigues.
Porque no hay peor error y castigo que engañarse, traicionarse y no conocerse a uno mismo. Porque no hay vida más desdichada que la que se protagoniza en el cuerpo de un extraño.
Todos mentimos, pero algunos terminan creyéndose sus propias mentiras. Otros luchan contra sus propios detractores sin saber muy bien a quién exactamente están defendiendo ni por qué. Otros aman sin quererse a ellos mismos primero. Somos, en numerosas ocasiones, unos desconocidos para nosotros mismos, somos un cuerpo al que no reconocemos como nuestro en el espejo, una cara que no refleja el verdadero semblante que poseemos.
Viviríamos en una constante negación si no nos sentamos a conversar con nosotros mismos, si no nos preguntamos el por qué de nuestros actos, el por qué de nuestras mentiras, el por qué de nuestras peleas, el por qué de nuestro odio o el por qué de nuestro amor. Actuaríamos como máquinas en un universo que ya se encuentra lo suficientemente tecnificado. Andaríamos, hablaríamos, comeríamos y miraríamos con la mente desconectada, sin saber por dónde caminamos, de qué conversamos, qué ingerimos o que se encuentra a nuestro alrededor. Dejaríamos de tener la capacidad de observación, pues no conoceríamos a quién se encuentra observando. Como de si de un constante narrador omnisciente se tratase, viviríamos en tercera persona.
Párate. Piensa. Háblate.
Sincérate. Perdónate. Acéptate. Entiendete.
Ahora, ¿sabes quién eres?