-
Te has equivocado.
Podrías haber elegido a una chica mucho más bonita, una chica que no estuviese revoloteando a tu alrededor preguntándote si este pantalón le hace las caderas más anchas, o si en esta determinada camisa sus brazos caen en la ilusión óptica de ser más gruesos. Podrías estar con alguien más alto, con un pelo más liso y menos enredado, alguien que fuese a la peluquería con la asiduidad suficiente como para no tener descuidadas sus mechas. Podrías verte acompañado de una mujer que cuando viste tacones el suelo que pisa se torna en su particular alfombra roja, con una mujer que se hace diosa cuando se desliza dentro de ese sencillo y ceñido vestido negro que a ti te encanta. Podrías estar con la típica mujer-estandarte, esa mujer que dice más de ti de lo que tú nunca podrías decir de ti mismo.
Podrías haber elegido una mujer un poco menos controladora. Una mujer a la que no le importase lo que hicieses con tu tiempo de ocio, una mujer que fácilmente se contentase con alguien que dedica su vida a pasarse unos cuantos niveles de su videojuego favorito mientras que apura la última calada de un porro mal liado. Podrías estar con una mujer que esperase en casa con la boca cerrada y sonriente, una mujer que te abrazase cuando te sintieses un Don Nadie y que te hiciese caer en la ilusión de que tú eres lo mejor que le ha pasado en su vida.
Una aduladora.
Podrías haber elegido a una mujer sin ambición, que no tuviese en su vida más miras que las tuyas, una mujer que estuviese dispuesta a dejar de lado sus convicciones e ideales para satisfacer a su media naranja, al amor de su vida. Una mujer que no encontrase la palabra “no” entre las páginas de su diccionario, y que cuando hablase contigo supiese vestir cada palabra con la mentira más dulce.
Podrías haber elegido a una mujer sin opinión, aquella mujer que cual niña inocente te pregunta en busca de la sabiduría que a ella le ha sido negada. Podrías estar con alguien que prefiera entumecerse en frente de una televisión a convertirse en la protagonista de la historia de su libro favorito, alguien que tema la gramática, la ortografía, una mujer que no tenga nada que decir más allá de lo que tú digas a través de tu boca.
Podrías haber elegido a una mujer menos inteligente, una mujer que no te ganase en cada discusión analizando racionalmente cada palabra que dices, una mujer que no supiese jugar con las palabras poniéndolas en el orden necesario para derrotar tu lógica poco argüida. Alguien menos competitivo que se rindiese fácilmente y que te declarase victorioso en cada una de vuestras cruzadas.
Podrías haber elegido a esa mujer que te deje asentarte en una adolescencia perpetua, y que junto a ti se niegue a evolucionar hacia una etapa llena de menos incertidumbre y más madurez, dejando atrás aquellas resacas de fines de semana mal gestionados y de sustancias demasiado adulteradas. Una mujer que no sepa reírse si no se encuentra drogada.
Pero te has equivocado.
Porque me has elegido a mí.
-
Muse - Knights of Cydonia.
Come ride with me through the veins of history,
I’ll show you how God falls asleep on the job.
And how can we win when fools can be kings?
Don’t waste your time or time will waste you.
-
Cómo sobrevivir a un periodo de exámenes con gripe
Llevo exactamente un mes entero inmersa en lo que denominamos como “periodo de exámenes”. Un mes que ha estado repleto de fiestas, comidas y cenas navideñas, reuniones familiares, regalos… de los que obviamente no he podido disfrutar, porque me encontraba estudiando. Y todavía me quedan por delante otras dos semanas más de batallas por librar.
Pero, dentro de lo que cabe, estoy más que acostumbrada al estrés de estas semanas, a las horas infernales que pasan cual minutos, a los amaneceres a las 5am para asegurarte de que tu cerebro no te la ha jugado por la noche dedicándose a olvidar todo lo que habías memorizado el día anterior, a los momentos en el autobús y en el metro leyendo los resúmenes como si no hubiese un mañana, a esos incómodos instantes en los que la gente te habla esperando algún tipo de amable interacción por tu parte justo cinco minutos antes del examen, y a su sorpresa cuando les miras odiosamente con los ojos inyectados en sangre por haber osado a romper tu concentración. Acostumbrada en definitiva a esa especie de relación amor-odio con tus esquemas y resúmenes que con amor y esfuerzo has concebido, esa enfermiza obsesión por los post-its, colorines y subrayadores, a ese trastorno gollumniano que te incita a admirar esa obra de arte que son tus apuntes, y al mismo tiempo a querer ser testigo de su destrucción en la hoguera.
Lo que sí es definitivamente nuevo para mí es sobrevivir el tirón lidiando al mismo tiempo con un resfriado que, con cariño, se niega a irse después de 17 días contigo. Así que añadamos a la ecuación ataques de estornudos de 20 minutos nada más despertarte que te dejan los ojos escocidos durante la siguiente hora, sentimiento de confusión por el nivel de mucosidad que, no solamente hace que tu voz suene como si fuese la de una extraña en tu cerebro, sino que también le juega una mala pasada a tu equilibrio cada vez que te levantas o mueves bruscamente la cabeza. Noches en vela ocupadas en intentar recuperar la capacidad para respirar, y días de supervivencia a la vieja escuela “zombi”, rezando por que el Frenadol no te deje comatosa en cama durante 4 horas como lo hizo la última vez.
En definitiva, estoy aprendiendo a sobrevivir al periodo de exámenes con una especia de gripe que me sigue allá donde mis esquemas y resúmenes vayan.
Si dentro de dos semanas continúo por estos lares, es que el paracetamol de 1000mg, el de 650mg, el ibuprofeno de 650mg, el Frenadol, el litro de café, las coca-colas light y los tés que me meto entre pecho y espalda todos los días no han conseguido destruir mi sistema y me han convertido en un ser inmortal.
-

Así que, a trabajar.
(via despacitoyconbuenaletra)
Posted on January 4, 2012 via Milenuts™ with 3,387 notes
Source: milenuts
-
Florence + The Machine - You’ve got the love
Sometimes it seems that the going is just too rough
And things go wrong no matter what I do
Now and then it seems that life is just too much
But you’ve got the love I need to see me through
-
Aprovechando nuestros regalos de Navidad y que hace un frío que te congela la sangre, he decidido hacer un pequeño álbum con nuestros nuevos gorritos.
-
No (¿me?) quieres
Hace tiempo que noto que no me miras igual.
Hay una oscuridad en tus ojos que cada día que pasa se va haciendo más espesa, más impenetrable. Entre nosotros se extiende un inconmensurable precipicio que hace tiempo parece estar invitándote a saltar, y los destellos de impaciencia, indiferencia e irritabilidad han dejado de ser anecdóticos para convertirse en una regla que excepcionalmente quebrantamos haciendo honor a viejos recuerdos.
Te agarras a las manillas del reloj cuando las conversaciones tímidamente se convierten en debates, y el reloj parece no tener minutos suficientes para esos cigarros que fumas fuera en el balcón con la excusa de ver la lluvia caer.
Tenemos que nadar la inmensidad del océano para sentir nuestra piel como solíamos hacer, y nos agarramos de las manos, no porque busquemos la proximidad de un cuerpo amigo en la cotidianidad de nuestra convivencia, sino porque sabemos que las curvas del camino se acercan y podemos terminar haciéndonos daño si caemos.
El invierno se ha instalado cual estación perenne en nuestras noches. Ahora soy yo la que termina por buscar las reminiscencias del calor de tu cuerpo, y tú juegas al escondite entre las sábanas murmurando que hace demasiado calor. Tu espalda se ha amoldado a los escollos de mi espalda, y como si de un puzzle se tratase, juntamos las últimas partes de nuestro cuerpo que aún parecen seguir encajando.
Me tocas, pero eres aire.
Hablas de otra mujer. De su perfección, su inteligencia, su risa contagiosa, su madura visión sobre la vida. Y me pones un poquito más lejos en la esquina de la bolsa de la basura cada vez que pronuncias su nombre con la misma expectación de los niños pequeños cuando hablan sobre “Papá Noel”.
Me mientes sin saber muy bien por qué. Quizá es porque te estás mintiendo a ti mismo, quizá porque aún no eres consciente de que estás mintiendo, pero me mientes. Mientes a tus manos cuando acaricias mi cuerpo, mientes a tus labios cuando me besas en un planeado arrebato, mientes a tu voz cuando pronuncias un “te quiero”. Mientes, y ni siquiera lo sabes.
Me mandas callar cuando estamos con otras personas y me borras automáticamente de la habitación en la que estamos cuando finalmente desisto a relacionarme con los demás. Tu delicadeza ha dado paso a la brusquedad de tus mandatos y a la crueldad de tus envenenadas bromas de las que te ríes, orgulloso de tu genialidad, por haber encontrado una nueva combinación inteligente de palabras que me hagan sentir un poco más pequeña, un poco menos importante, un poco más insignificante.
Un poco menos nosotros.
Eres tú, y solamente tú quien importa. No quieres mis opiniones, no quieres mis sugerencias, te has cansado de mis complicaciones, y mis bromas y anécdotas han dejado de parecerte ingeniosas. No quieres mis sonrisas y mi risa ha empezado a sonarte un tanto chirriante. No quieres mi cuerpo y dibujas en tu mente otras siluetas cuando tienes delante la mía. Lo sé porque puedo ver todas y cada uno de ellas reflejadas en la lujuria de tus ojos. No quieres los abrazos que te debo por cada una de las veces que he dicho que no quería abrazarte porque estaba enfada, y has dejado de pedirme que te diga que te quiero, pues no deseas recordarlo.
No quieres mirarme como antes hacías.
No quieres.
No puedo ponerte a prueba, porque ya no quieres.
-
Tener que estudiar en Navidades y escuchar a tus familiares jugando a la videoconsola en la habitación de al lado.
Me encantan mis “vacaciones”.
-
No (¿te?) quiero
No quiero verte.
Tu mera presencia me molesta, me irrita, me revuelve el estómago y me da nauseas. Tu voz hace que me entren escalofríos, y escucharte desde la planta de arriba de esta casa que es mi cárcel me insta a gritar que te odio, que odio haberte puesto por encima de mis prioridades, que han desaparecido todo esos rasgos tuyos que con cariño me embelesaban, que se me ha olvidado por qué calificaba este lugar como mi sitio para olvidarme del mundo.
Ahora es el mundo el que se ha olvidado de mí.
No quiero tus tés, ni tus comidas ni ensaladas, no quiero tus coca-colas ni los vasos de agua que me ofrezcas. No quiero tus besos ni tus abrazos, ni cualquier pregunta estúpida que con voz entrecortada me formules sobre mis estudios. No quiero tu caduca preocupación ni quiero tu fingida compasión.
No quiero tus miradas vacías, ni quiero tus halagos forzados. He aborrecido tus manidas bromas, y ser el objetivo de tus jocosos comentarios dejó de ser dulce y original hace ya bastante tiempo. Escucharte reír ya no dibuja una sonrisa en mi cara de manera automática, y huyo de tus brazos si me buscan por la noche en esta cama, que ya no es la nuestra.
No quiero seguir siendo tu mueble favorito de la habitación en la que te encuentres, y me ha dejado de apetecer fingir interés y traducir las conversaciones que mantengas. Tampoco tengo ganas de esforzarme por tener la sonrisa más grande de la casa y he decidido dejar mi diplomacia escondida tras los mandos de tu Xbox.
He dejado de querer superar mi orgullo y ahora es él, y no tú, el que me da el empujón que necesito para seguir adelante en una batalla que solía ser la nuestra.
No me pongas a prueba, porque ya no quiero.
-
(via lunadecoco)
Posted on December 25, 2011 via Miau. with 103 notes
Source: lunadecoco

